Nunca subestimes el poder de una acción pero si no estás conforme con ella debes intentar cambiarlo.
Realmente si deseas algo necesitas tener persistencia en aquello que pretendes alcanzar, si tú mismo no lo haces nadie lo hará por ti y, por suerte o por desgracia, sirve para cualquier ámbito que se te pase por la mente.
Miradas que se intercambian, manos entrelazadas y sonrisas difuminadas son lo que esperaba ella áquel día. Esa sensación de bienestar que le producía, todos los movimientos planificados se esfumaron con el cierre de la actuación. Era como ese telón entreabierto a las puertas de tu imaginación, en el que por más que deseases averiguar la sucesión de acontecimientos nunca los llegaste a preveer. Aplaudiste con rabia, impotencia y decepción intentando esconder esas lágrimas que intentaban desprenderse de tus ojos y caer cual cascada por tus mejillas, ¿por qué? únicamente porque no esté todo escrito, no ocurra lo que tú preveías significa cambios bruscos en ti. No debes aferrarte a aquella inseguridad, y menos cuando la emoción que acompaña a esas vivencias es todo lo contrario. Sabes con certeza que no te merece la pena seguir meditándolo todo con una minuciosidad desbordante, al revés, necesitas que la impulsividad resurja en tí, que las marionetas en las que conviertes a la gente desaparezcan para no convertirte nunca más en un títere de nadie.
Únicamente eres tú la que dirige tus movimientos.


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