Por más el tiempo pasaba se hacía más latente ese recuerdo desgarrador que le reconcomía las entrañas, aunque cada vez más se iba cicatrizando mediante la desconexión, la efímera felicidad y la simpleza. No sabía quitarse aquella máscara impregnada de oscuridad y de lástima, de dececpción y debilidad; únicamente la solapaba con otras. Pero las otras máscaras iban ganando terreno, sembraban unas dudas y miedo diferentes, descolocantes que le sumergian en una vulnerabilidad tolerada. Una vulnerabilidad bizarra matizada por una ilusión diferente y transmitía los instantes haciendo partícipes a ambas partes. Ilusión convertida en serenidad, una ansiada calma que iluminaba unos, inicialmente, ingenuos pensamientos pero, conforme se iba abriendo, dejaba ser mostrado un abismo de.. ¿madurez? o mejor dicho afinidad. Una afinidad capaz de cambiar cualquier fugaz deseo y allanaba cualquiera insensatez dejando realizar la ansiada metamorfosis.
La incertidumbre cada vez era más efímera conviertiéndose en esa infrecuente flor de loto, o quizá meramente aparcada en el fondo del bául con el celaje desencajado. El presagio era inminente por más que se negaba a admitirlo; y una vez hecho la tranquilidad gobernó sus miedos...
...Vete lejos...pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo..."


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