Quizá te negaste a volver a compaginar momentos con
alguien que no fueras tú mismo, a no decidir única y exclusivamente por y para
ti y sobre todo a no pedir opinión de tus acciones.
Nunca te ha importado el qué dirán, ni de esa
persona especial ni de cualquier otra. Supiste aprender a que realmente no merecía
la pena saberlo porque no tienes que cambiar por nada ni nadie.
Nadie cambia, sólo aprenden a
adaptarse a ti en ese momento para, después, que te amoldes tú a ellos.
No es su egoísmo es tu ingenuidad. Ingenuidad que en
mayor o menor medida siempre te va a acompañar.
Cada vez te es más sencillo recordad que son momentos
efímeros aunque te permites tenerlos con más frecuencia.
Supervivencia. Debes elegir si tus principios que
primen por encima de cualquier posible parecido a lo que anhelas o simplemente
un capricho pasajero.


No hay comentarios:
Publicar un comentario